Dieselgate: Cinco fabricantes de automóviles comparecen ante los tribunales en el Reino Unido

Una década después de las primeras acusaciones, el escándalo del Dieselgate sigue generando ondas en la industria automotriz. En el Reino Unido se ha iniciado un nuevo macroproceso contra cinco grandes grupos automovilísticos, acusados de haber equipado sus vehículos con dispositivos ilegales que reducían artificialmente las emisiones durante las pruebas oficiales.
Fabricantes demandados
Las empresas objetivo de esta demanda colectiva incluyen a los grupos franceses Renault y Stellantis, este último agrupando marcas como Peugeot, Citroën, Fiat y Opel. Aunque los documentos preliminares no revelan los nombres oficiales, otras tres destacadas marcas automovilísticas completan la lista de acusados.
El caso se enmarca en la prolongación del escándalo mundial de 2015, cuando Volkswagen admitió haber manipulado las pruebas de emisiones en 11 millones de vehículos diésel en todo el mundo. El nuevo juicio en el Reino Unido probablemente se convertirá en una de las mayores demandas colectivas de la historia del país sobre prácticas comerciales engañosas.
Acusaciones contra los fabricantes
Los demandantes alegan que los fabricantes diseñaron deliberadamente motores diésel para modificar su funcionamiento al detectar condiciones de prueba de laboratorio, cumpliendo así con los estándares de emisiones. En condiciones reales de conducción, estos vehículos habrían emitido hasta 40 veces más óxidos de nitrógeno (NOx) que los límites legales.
El equipo legal, que representa a cientos de miles de propietarios afectados, sostiene que los consumidores fueron engañados sobre el impacto ambiental y el rendimiento de combustible de sus vehículos. Argumentan que con una divulgación adecuada, los clientes no habrían comprado estos automóviles o lo habrían hecho a un precio menor, exigiendo ahora compensaciones.
Impacto ambiental y sanitario
Las emisiones de NOx de los vehículos diésel representan un grave problema de salud pública. Estos contaminantes contribuyen al smog urbano y se han relacionado con enfermedades respiratorias como asma y bronquitis crónica. Estudios epidemiológicos también han demostrado correlación entre la exposición a óxidos de nitrógeno y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
En muchas ciudades británicas que luchan por cumplir con los estándares europeos de calidad del aire, crece la indignación ciudadana y de grupos ambientalistas. Las revelaciones sobre emisiones reales de vehículos diésel han acelerado la implementación de zonas de bajas emisiones y aumentado la desconfianza de los consumidores hacia esta tecnología.
Repercusiones para la industria automotriz
Esta demanda llega en un momento de transición para el sector automovilístico, que enfrenta la migración hacia vehículos eléctricos y nuevas regulaciones ambientales. Los fabricantes se enfrentan no solo a posibles sanciones económicas significativas, sino también al desafío adicional del deterioro de su imagen pública.
El caso podría establecer un importante precedente legal sobre responsabilidad corporativa en publicidad engañosa y cumplimiento de normas ambientales. Se anticipa que el veredicto influirá en otros procesos judiciales en preparación en varios países europeos.
Perspectivas regulatorias y evolución
Tras el Dieselgate, los procedimientos de prueba de emisiones se han reforzado significativamente con la introducción de mediciones de emisiones en condiciones reales de conducción (RDE). La nueva regulación exige el cumplimiento de los límites de emisiones, con márgenes de tolerancia limitados, tanto en laboratorio como durante la conducción en carretera.
Simultáneamente, autoridades supervisoras worldwide han fortalecido sus capacidades de investigación y vigilancia, adoptando posturas más estrictas contra prácticas sospechosas. El caso británico subraya cómo, una década después de las primeras revelaciones, las consecuencias legales del escándalo continúan persiguiendo a los fabricantes involucrados.
Dada la complejidad técnica de las acusaciones y el gran número de partes involucradas, se anticipa que el juicio comenzará en meses y se prolongará durante años. Su desenlace probablemente tendrá un impacto duradero en la protección al consumidor respecto a las prácticas comerciales y afirmaciones ambientales de la industria automotriz.