
Los propietarios de vehículos a menudo se enfrentan al dilema de elegir entre pastillas de freno cerámicas u orgánicas al realizar sustituciones.
Si buscas la pastilla de freno ideal, debes considerar la resistencia al calor generada por la fricción que produce el coche.
Alrededor de la década de 1950, cuando los coches equipaban frenos de disco, el amianto era el material ideal para las pastillas de freno. Este material era económico y resistente al calor, pero tenía la desventaja de ser peligroso para el medio ambiente. Los fabricantes se vieron obligados a buscar materiales alternativos.
Las pastillas de freno orgánicas se fabricaban a partir de una mezcla de diversos materiales como fibras, vidrio, kevlar y carbono. Se añadía resina para unir todos los componentes. Esto hizo que el proceso de fabricación fuera más barato y los materiales fueran respetuosos con el medio ambiente.
Posteriormente, se introdujeron las pastillas de freno semimetálicas. Estas estaban compuestas por un 65% de contenido metálico. Los metales utilizados incluyen cobre, hierro y acero. El 35% restante consistía en rellenos, modificadores y una pequeña cantidad de grafito. La naturaleza metálica de las pastillas de freno las hace duraderas, pero tienen la desventaja de ser ruidosas.
En la década de 1980, los fabricantes de automóviles comenzaron a producir pastillas de freno cerámicas. Estas pastillas estarían compuestas por fibras cerámicas y cobre. Luego se cocían en un horno para estabilizarlas. Las pastillas cerámicas son más silenciosas y más suaves con los rotores.
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