Ford y la eléctrica: la presión financiera persiste

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Los nuevos modelos eléctricos no alivian la presión en Ford

Ford apostó fuerte por el lanzamiento de nuevos vehículos eléctricos, como el Explorer y el próximo Capri, para impulsar su posición en un mercado crucial. El objetivo era claro: atraer a un público más amplio y capitalizar el crecimiento del sector. Sin embargo, los últimos resultados financieros revelan que esta estrategia aún no logra revertir la pesada carga que la movilidad eléctrica supone para sus cuentas.

Una apuesta de alto coste

La transición hacia la electrificación requiere inversiones astronómicas en desarrollo de plataformas, baterías y cadenas de producción. Para Ford, estos desembolsos masivos continúan generando pérdidas operativas en su división de vehículos eléctricos, denominada Model e. A pesar del incremento en las ventas, los márgenes se ven presionados por los altos costes de los componentes, la feroz competencia y las guerras de precios en el mercado.

El desafío de la rentabilidad

La llegada de modelos nuevos y más asequibles era vista como la clave para alcanzar economías de escala y, finalmente, rentabilidad. No obstante, el camino es más lento de lo esperado. La adopción por parte de los consumidores, aunque creciente, no avanza al ritmo que los fabricantes proyectaron inicialmente. Esto obliga a Ford a reevaluar sus plazos y estrategias, equilibrando la inversión en eléctricos con los ingresos aún vitales de sus populares camionetas y vehículos de combustión.

El escenario actual muestra que, incluso para un gigante histórico como Ford, la revolución eléctrica es un maratón financiero extremadamente exigente. El éxito a largo plazo dependerá de su capacidad para reducir costes de producción más rápido que el descenso en los precios de venta, mientras gestiona la transición de su negocio central.

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