El ciclista de la NASA que revolucionó los camiones

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Una observación que cambió el transporte

En la década de 1970, la crisis del petróleo puso la eficiencia energética en el punto de mira. En este contexto, un ingeniero aeroespacial de la NASA llamado Edwin J. Saltzman hizo un descubrimiento trascendental no en un túnel de viento, sino durante su trayecto habitual en bicicleta. Mientras pedaleaba, experimentaba de primera mano la turbulencia y la peligrosa succión generada por los camiones que le adelantaban. Su mente entrenada en dinámica de fluidos comprendió que esa resistencia aerodinámica era un enorme despilfarro de combustible.

De los aviones a los trailers

Saltzman aplicó el conocimiento de la NASA sobre la reducción de la resistencia en aviones a un problema terrestre. Junto con su colega Michael J. Leshner, inició pruebas con maquetas en el túnel de viento. El objetivo era suavizar el flujo de aire alrededor de la parte trasera cuadrada de los trailers, principal fuente de turbulencia. Sus experimentos confirmaron que pequeños añadidos podían generar grandes ahorros.

El nacimiento de los deflectores aerodinámicos

La solución no fue un rediseño completo, sino un dispositivo ingenioso y sencillo: el deflector aerodinámico o “spoiler” para camiones. Instalado en el techo de la cabina, este panel inclinado redirige el aire que fluye sobre el vehículo, permitiendo que se deslice con mayor suavidad sobre la carga del remolque en lugar de chocar contra su frontal plano. Este simple cambio reduce drásticamente la zona de baja presión detrás del camión, que es lo que causa la mayor parte de la resistencia.

Un legado de eficiencia global

La innovación de Saltzman, fruto de la curiosidad científica aplicada a una observación cotidiana, se estandarizó en la industria del transporte. Se estima que los deflectores aerodinámicos mejoran la eficiencia del combustible de los camiones entre un 5% y un 15%. A escala global, esto representa un ahorro de miles de millones de litros de diésel anuales, reduciendo enormemente los costes operativos y las emisiones de CO₂, demostrando que la ciencia espacial tiene aplicaciones transformadoras en la Tierra.

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